Artículo relacionado con el de Diego «Quiero ser un botijo» publicado en afamadrid y que puedes releer pulsando aquí.

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Insisto en el respeto y la consideración hacia cualquier idea u opinión, aunque difiera de la propias; y en que la intención de estas reflexiones no es contradecir ni ofender. 

Referente a los mensajes de uno de los llamados “negacioncitas” que me llegan por WhatsApp con insistente frecuencia unas dudas:

¿Qué es lo que niegan? Veamos:

Me han llegado unos mensajes en los que se dan opiniones bastante contradictorias:

Por un lado, se niega la pandemia, por otro se acusa al actual gobierno de no dotarnos de los suficientes medios de protección ¿? Si no existe la pandemia ¿de qué hay que protegerse?

Por un lado, me dice otro mensaje de la misma e insistente persona, no existe el Coronavirus y por otro que ha sido creado a propósito, ¿existe o no?

Parece que hay una cierta participación de médicos que defiende la no existencia. Miras la proporción y resulta que es un porcentaje minúsculo, ínfimo. La inmensa mayoría aseguran que sí, ¿hay en el mundo una plaga de médicos idiotas o mentirosos? ¡Eso si es una pandemia! Y muy, muy grave.

Y sobre todo: pongamos que no hay tal pandemia ¿qué nos cuesta? En serio, ¿es tanto el esfuerzo que se nos pide?

Y si el virus existe creado o espontáneo ¿no es razonable y bueno tratar de no propagarlo? Tenga razón quien la tenga, ¿qué importa?; vuelvo a preguntar, ¿no es más solidario colaborar y procurar no dividir en una situación crítica? Claro que como en toda crisis hay víctimas. Muchos tipos de negocio saldrán perdiendo; otros ganarán. Pero como siempre, ¿no son peor las víctimas mortales? ¿no es mejor la solidaridad?:

Una de las experiencias desagradables que he pasado durante mi enfermedad. En realidad, la única realmente dura y difícil. Que recuerde una de las más duras de mi vida. Fue tras la segunda operación me pusieron un tipo de medias compresivas para ayudar la circulación; un modelo puntero que cada pocos minutos efectuaba automáticamente un masaje. Esta acción me produjo una alteración nerviosa incontrolable que me hizo padecer alucinaciones totalmente vívidas: relacionadas con mi capacidad de control sobre los negativos efectos de la media (solo la de la pierna izquierda, el lado afectado por la operación, me causaba el desequilibrio). La vida de un grupo de personas dependía de mi control: si no podía controlar, esas personas morían. Sus rostros demudados por el miedo se me aparecían con extrema nitidez. ¿Sería un mal sueño? A duras penas lograba incorporarme hasta sentarme en la cama. Pero aun así seguía viendo los aterrados rostros y sintiendo el peso de tan enorme responsabilidad. Uno tras otro los grupos de condenados por mi falta de aguante iban apareciéndose ante mí, mirándome con desesperación. Y yo sucumbía a los torturantes efectos de la media sobre mis nervios. ¡Horrible! Solo se pasó el delirio cuando una compasiva enfermera me cambio las modernísimas y carísimas medias por otras tradicionales. Paréceme hoy día haberse hecho realidad el espejismo. Mucha gente depende de mi actitud, al menos en parte, pero:  ¡Por lo menos puedo hacer algo! Pienso: ¿si está situación fuese la que vivieron nuestros padres o abuelos?… Si nos llovieran las bombas y los tiros no tendríamos opciones. A escondernos y a pasar hambre. Así, en esta situación, estamos en casa, con agua corriente y la despensa llena, podemos beber, comer, lavarnos, vestirnos y salir a pasear tomando las debidas precauciones -que no son tan dificultosas- sin miedo a que nos peguen un tiro al cruzar la calle. 

Sea como fuere: un invento, una forma de control por parte de los gobernantes y  poderosos, una nueva forma de hacer la guerra… ¿qué puede importarme?, ¿es que los que promueven la negación, no tratan de manipular? No conozco a todos, evidentemente, pero al menos la persona que con tanta insistencia me manda los mensajes, está claramente politizada y trata tercamente de llevarme al huerto. Y es de sospechar que quien tanto insiste también trata de politizar, manipular, “llevar la ascua a su sardina”. Y, ¿por qué he de tomar su sardina por buena, cuando está en contra de la gran mayoría?

Cabe así mismo preguntarse: ¿quien maneja los hilos es tan sumamente poderoso que tiene a todo el mundo bajo su influencia? Todos los países sin excepción están aceptando la existencia del virus y actuando en consecuencia, cada cual según su criterio. Si los manipuladores son tan poderosos como para tener en jaque a todas las potencias mundiales grandes o pequeñas, ¿vamos a librarnos de ellos cuatro “mindundis” por no seguir las normas?

Y, ¿por qué ignorar estas y no otras? Todas las normas –lo hemos dicho- son acuerdos tomados para facilitar la convivencia estas, acertadas o no, también.

Así mismo me pregunto, ¿por qué tantas contradicciones en el argumentario de los que niegan? Muchos de los que forman esos grupos dan la impresión de ser personas de las que solo piensan en sí mismas. ¡Las normas no están hechas para mí, aunque el saltármelas pueda afectar a otros! Dan la impresión de tener unas ideas político-sociales muy excluyentes y egoístas y todo lo que hagan o dejen de hacer los que no piensen como ellos, los que no sean de “su cuerda”, estará mal hecho. ¡División! ¡Muy típico! Goya lo describió estupendamente en su pintura “Duelo a garrotazos”: dos individuos inamovibles en sus posiciones -tienen las piernas hundidas en la tierra- y dándose de garrotazos.

O del Madrid o del Atlético inflexiblemente. ¡A muerte! Todo lo que hagan los míos estará bien y todo lo que hagan mis opuestos (la oposición la creamos nosotros mismos con nuestra inflexibilidad) estará mal.

Formamos parte de una sociedad que ha adoptado por sufragio unos dirigentes y unas normas –convenciones- de comportamiento para convivir. Estas normas deberíamos cumplirlas como buenos conciudadanos. ¿Qué haríamos si viviésemos en países más restrictivos? Hay países en los que escupir en la calle o colarse en el metro es motivo de fuertes multas, incluso de encarcelamiento…

¿Va a ser verdad que solo reaccionamos al estacazo? ¿Qué daño puede hacer un mínimo de confianza? Dice mi ‘informante’ que somos como borregos. Sin tener en cuenta lo poco novedoso de esa afirmación; siempre ha habido grupos dominante que han tratado a sus supeditados como a borregos. Es condición imprescindible en el juego constante de dominadores y dominados: unos dirigen y otros obedecen. Sigo preguntándome:

  ¿Y la consideración y el respeto hacia los demás: a los que han fallecido, hacia sus allegados y hacia aquellas personas, profesionales de la sanidad y de otros gremios que han estado dejándose la piel? ¿Les decimos que sus parientes o amigos han muerto por algo que no existe?,¿y a los que han padecido la enfermedad y han sobrevivido?: ¡Sois unos farsantes!, ¿y a esos que se han esforzado tanto: ¿que han sido engañados, que han estado haciendo el “canelo” y colaborando en propagar una gran mentira?… ¿Me paso el dolor de las victimas habidas en todo el mundo, tanto sufrimiento y tantos esfuerzos por el “arco del triunfo”?

Yo, y supongo que muchos de vosotros también, tengo amigos que han perdido a su madre, su padre o a algún ser querido ¿Qué aporto diciéndoles que es todo una mentira?, ¿les voy a ayudar así? Es el momento de la comprensión, de la compasión y del cariño. Es el tiempo de la solidaridad no el de aleccionar a nadie. Tiempo de unir, no de separar

Como sinceros aikidokas pensemos:

¿Es inteligente enrocarse tozudamente en una idea, costumbre, opinión o ideología pese a quien pese?

Ese proceder, ¿es vivir en amor y armonía?, ¿es cumplir con las enseñanzas que decimos practicar?,¿es Ai-nuke?

¿No será mejor cambiar, renovarse, armonizar, fluir mansamente, ser positivos y solidarios? ¡Colaborar!.

Otro sí: ¿pensamos en serio que por ponernos una mascarilla se nos está privando de libertad? ¿Qué libertad?, ¿es que acaso somos libres?

¿Qué reivindicamos realmente? También típico. Recuerdo los disturbios en Paris de hace unos años: Los jóvenes marginados de los suburbios parisinos provocaron grandes disturbios callejeros reclamando acceso a estudiar, a trabajos más dignos y justamente remunerados, y otras mejoras sociales. Muchos jóvenes españoles copiaron el proceder violento de los parisinos y se juntaron para reivindicar con igual violencia callejera su derecho al “botellón”.

¡Qué cada uno saque sus conclusiones!…  

Volvamos a lo de la libertad. ¿Qué libertad, ni qué “niño muerto” ?,¿es que los que nos incitan a esa “rebeldía” no nos están manipulando también?

Y, ¿qué han cambiado en el mundo las muchas revoluciones habidas a lo largo de la Historia?, ¿qué libertad se ha conseguido realmente? Estamos pillados por todos lados, desde las cuentas bancarias hasta nuestros electrodomésticos o nuestros teléfonos nos tienen controlados día y noche. La forma de recaudar impuestos ha cambiado ya no es tan violenta, pero nos siguen teniendo amarrados: estamos presos de nuestros propios deseos, de los sistemas que nosotros mismos hemos implementado, como por ejemplo el sistema económico basado en el consumo desmedido.  Estamos cautivos de las hipotecas, de las deudas generadas por el ansia de consumir. Esclavos, trabajamos un montón de horas. Aunque disfrutemos ya de más de lo que necesitamos (eso ha mejorado mucho en la actualidad disponemos de muchísimas comodidades, mejoras inexistentes hace solo unas cuantas décadas, pero no nos basta). Vivimos casi exclusivamente para lograr más “pasta” con que poder comprarnos otro coche, otra casa, hacer viajes más lejanos ir a restaurantes más caros y a hoteles más lujosos,… La ambición se considera una virtud y la ecuanimidad o la aceptación una tibieza del ánimo, una debilidad. Eso no es otra cosa que codicia. Estamos esclavizados por nuestras ansias desmedidas de posesión. ¡Hay que consumir, consumir y consumir! ¡Maravillosas y profundísimas razones para mantener el status! Muy humanas. ¡Así estamos dejando el planeta! ¡Vaya libertad!

¿No somos presos acaso de esas mismas opiniones que defendemos?

Todos estamos presos de nosotros mismos.

Esta pandemia, exista o no, constituye también gran lección ¡Deberíamos aprender de una vez, a considerar que mi libertad acaba donde empieza la de los demás!

El Aikido es un método para curar la enfermedad del mundo. (el desmesurado egoísmo) Abandonad todos los pensamientos egoístas y los deseos fútiles, y actuad libremente”.

(Morihei Ueshiba) ¡Solo deshaciéndonos del egoísmo y los deseos seremos libres!

Como sinceros aikidokas, debemos procurar, al menos, que nuestras opiniones y actos no dañen ni molesten a nadie (Ai-nuke), o si molestan o afectan que sea lo menos negativamente posible. ¡Siempre positivos!

¡Y nos quejamos de una mascarilla o por unas pocas semanas sin salir a nuestra bola! Lo que deberíamos tener en cuenta como auténticos caminantes del sendero del Aiki, es que: ¡Con un esfuerzo mínimo podemos evitar un daño enorme! ¿qué más da si es real o no?. De ser cierto está en mis manos evitar una auténtica catástrofe. Mi actitud puede salvar la salud y la vida de otras personas o ponerlas en riesgo. Creo que para cualquier aikidoka veraz y persona de buen corazón la elección resulta evidente.

¡A mí nadie me va a obligar a ponerme una mascarilla¡ arguye mi remitente. Por las mismas: ¡A mí nadie me va a obligar a conducir por la derecha, a no fumar si quiero, a no cargarme a mi cuñado ¡qué me tiene harto!(no tengo queja del mío) o a no maltratar a mi perro o a mi pareja!…

Además, deberíamos buscar el lado positivo.

Por ejemplo, uno de esos lados positivos de haber estado confinados. Una lección a aprender: En ese tiempo de “antropopausa”, no hemos contaminado y le hemos dado ocasión a la naturaleza a recuperarse un poco. Lo cual va en beneficio de todos… Una gran lección para aplicar en el futuro.


¡Yo también quiero ser un botijo!

Y en quietud cumplir eficaz e inteligentemente mi función. No hay mejor tarea.

Otra pregunta: ¿por qué emplear mi tiempo y esfuerzo en estas cuestiones? La vida se pasa en un suspiro, ¿por qué enredarme en cosas externas en lugar de dedicarme a mejorarme interiormente, en aprender a aceptar, a fluir, a amar?  

Busquemos en nuestro interior nuestra auténtica identidad. Es ahí donde están la Verdad, la Paz y la Armonía, la Libertad. Usemos nuestra energía interna para lo que realmente debemos: ¡encontrarlas! Y arreglemos la parte del mundo que nos corresponde arreglar: nosotros mismos.

Olvidémonos de lo exterior, del deseo de poseer cada vez más y no supeditemos nuestra forma de pensar y de ser, nuestras obras y nuestra felicidad a otros botijos por muy de Talavera que sean. El mundo ya ha sufrido bastante. Necesita paz y amor. Ya nos hemos matado suficientemente en nombre de las ideas egoístas sugeridas o impuestas por otros. Citaremos a Anthony de Mello:

“El ser humano no es cruel por naturaleza. Se hace cruel cuando es infeliz…, o cuando se entrega a una ideología. Una ideología contra otra, un sistema  enfrentándose a otro; una religión contra otra. Y en medio, el ser humano, que es aplastado”.

Si las personas que tantos daños han causado hubiesen seguido siempre el instinto interior de sus corazones, en lugar de seguir la lógica de sus religiones o sus ideologías, nos habríamos ahorrado el siniestro espectáculo de los duelos a garrotazos, de la quema de herejes, las torturas, los exterminios genocidas y demás barbaridades cometidas a lo largo y ancho del mundo en todo el transcurso de nuestra historia. De la caverna al rascacielos no hemos cesado de causar destrucción a nuestro alrededor y de matarnos entre nosotros. Nuestros actos por pequeños e inocuos que puedan parecernos, siempre, siempre, tienen consecuencias. Recogeremos lo que sembremos. ¡Apliquemos Ai-nuke!

La infelicidad y la desunión son dos de las principales causas de nuestras crueldades. Buscando ser felices nos agarramos a ideologías o a otras fórmulas externas. Pero la felicidad duradera está solamente en nuestro  interior, eso tampoco ha variado desde que el ser humano apareció en la Tierra. ¡Es únicamente transformándonos a nosotros mismos como encontraremos felicidad!

¡Ser inflexible solo causa daños! Y el primero en sufrirlos es precisamente el inflexible. La flexibilidad, la fluidez, el Amor y la armonía son el único y auténtico antídoto para la pandemia del egoísmo. La única alternativa al dolor y el sufrimiento. Esa cerrazón es a lo que los budistas llaman ignorancia y los antiguos egipcios falta de inteligencia.

Ya se han cometido demasiados crímenes en nombre de Dios o de una ideología. Es hora de repartir armonía, solidaridad, respeto y amor; de tener la Bondad, la Unidad y el Amor como única y auténtica ideología. De conocer a Dios de verás y servir para aquello para lo que de verás hemos sido creados; no para intereses espurios  que puedan causar daño a nadie. ¡Cambiemos nosotros si queremos cambiar el mundo!

¡¡MASAKATSU AGATSU KATSUAYABI!!

¡También yo quiero ser un botijo!