Aikido Afamadrid

He escuchado muchas veces: “Quiero aprender esta técnica de aikido, pero no me sale…”

Creo que era el Fundador quien decía: “Observa, repite… y olvida”. (Me corrijan los expertos…)

Queremos aprender a hacer algo que jamás vamos a ser capaces de repetir dos veces en la vida con exactitud. Es paradójico.

Un proverbio reza: “No te bañarás dos veces en el mismo río”. En cambio, nosotoros nos empeñamos en querer bañarnos infinitas veces en el mismo río, e incluso atrevernos a decir que ya hemos aprendido a bañarnos en el río…

Hace un tiempo, un compañero que abandonó la práctica de aikido me afirmaba haberlo dejado porque era siempre lo mismo… Al menos, esa no es mi visión…

Cada técnica, cada respiración, cada aceptación, cada ukemi, cada saludo, cada muestra de rei, cada segundo sobre el tatami, es único, irrepetible y no volverá a suceder. Cada instante es una oportunidad para dar un pasito más…

¿Qué ocurre? Que creemos saber (y poder) controlarlo todo… Y cuando comprobamos empíricamente sobre la colchoneta que nuestro cuerpo no se comporta como quisiéramos, que nuestra mente no se centra como quisiéramos… Nos desilusionamos, y nos resignamos a asumir nuestro grado de torpeza. No será pues porque quizás nuestro cuerpo y nuestra mente no nos pertenecen? 

Luego, qué vamos a aprender? Técnicas y disciplina marcial??? Pero… cómo vamos a añadir cosas al carro si lo tenemos lleno de torpezas…?

Deberemos vaciar de torpezas e impurezas el haber de nuestro cuerpo, de nuestra mente… y quizás, llegue lo que tenga que llegar. Qui lo sa…

Acaso no nos equivocamos en nuestros quehaceres diarios? Acaso no colocamos mal un plato en el lavavajillas, no cometemos un error conduciendo, no marcamos un número de teléfono por equivocación, no nos cortamos con la cuchilla al afeitarnos…? Todo eso, no es acaso lo mismo que lo que nos ocurre sobre el tatami?

Cuántas veces nos corrige el maestro o instructor sobre la ejecución de una técnica, como uke o como tori, y ponemos el doble de empeño para ratificarnos en nuestra torpeza natural… Por qué nos ratificamos haciéndolo mal. Porque tras la corrección, ponemos aún más nuestro orgullo y hacemos mayor énfasis en hacerlo bien, en superarnos, en aprender… En lugar de dejarnos llevar, quitar prejuicios, rigidez, intencionalidad…

Quitar, quitar, quitar… quizás ese sea el secreto… 

Por qué?  

Porque soy torpe.



Diego