¿Kototama?

Kototama es la resonancia cósmica del Espíritu del Gran Designio del universo. Según palabras de Ueshiba sensei. Otros la definen como la Corriente del Sonido o Sonido Inaudible, la Palabra, conciencia, o vibración consciente que da vida y sostén a todo lo creado.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada se hizo de cuanto fue hecho.

En él estaba la vida, y esta vida era la luz de los hombres”.

(Juan 1:1-4)

 

“Cuando el Shabad no se había manifestado, no tenía nombre. Cuando el Shabad de manifestó se convirtió en el Nombre”.

(Sar Bachan)

 

“Tao se parece al vacío. ¡Pero es omnipotente!
Está en la Profundidad

Es el Origen de todo.

Todo lo Controla.

Todo lo Satura.

Es la Brillante Luz.

¡Lo Sutilísimo!

¡La Esencia de todas las cosas!

No se puede describir su origen, pues

Tao es Primordial”.

(Tao te King)

 

A esta resonancia o vibración se la conoce en todas las culturas y religiones con diferentes nombres: Kototama, Kalma, Shabad, Tao, Verbo, Palabra, Espíritu Santo… La teoría cuántica de las supercuerdas habla de partículas subatómicas infinitesimales, invisibles a los más modernos microscopios, que emitan unas vibraciones cuya frecuencia determina la forma, el tamaño y la masa.

 

Pero…

 

Preguntaba O Sensei: ¿Cómo vamos a poder percibir lo sutil con nuestros sentidos groseros?

 

“El Sr. es infinito ¿Cómo podrá la mente (finita) describirlo o conocerlo?”

(Adi Gran Sahib)

 

“¿Cómo podrá un pez conocer lo ilimitado de la extensión del océano?” (Huzur Maharaj Sawan Singh, santo punyabí del siglo XX)

 

“El Tao que puede ser expresado


no es el verdadero Tao.


El nombre que se le puede dar


no es su verdadero nombre”.


(Tao te King)

 

Y advertía O Sensei:

“Aiki es el proceso de eliminar la enemistad y la discordia”.

Tanto hacia los demás como en nosotros mismos.

Y aconsejaba:

“Abandona los pensamientos pequeños, vacíate, trasciende la vida y la muerte y mantente erguido sobre el centro de la creación. Ese es el secreto del Aikido”.

 

El ‘centro de la creación’, o como lo llama en otras ocasiones Morihei: el Puente Flotante del Cielo, o el puente arco iris que conecta el cielo y la tierra, es el centro espiritual que hay en el interior de cada ser humano.  Ese es el centro de la creación.

 

Decía O Sensei que si hay un exterior tiene que haber por fuerza un interior, y que estar en el centro es estar rodeados de lo exterior. O lo que es lo mismo, permanecer centrados en nuestro interior. En la unidad.

“Los seres humanos realmente contienen todo el universo en sus cuerpos, pero cada individuo (cada uno) necesita darse cuenta del principio de ‘retorno al uno’. La expresión ‘retorno al uno’ es la clave de la realización”.

 

“¡Oh hombre!, tú eres la vida del universo entero. Tú mismo eres ambos mundos”.

(Hazrat Attar, santo y poeta sufí de siglos XII y XIII)

 

Ese ‘punto’ es la puerta que conecta al ser humano con lo espiritual. El ojo de Osiris, el ojo que todo lo ve, el tercer ojo…

 

“La lámpara del cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado; pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo se quedará en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué densas serán las tinieblas!”

(Mateo 6, 22/23)

 

Cada ser humano es el centro del universo. “El hálito de ambos mundos”. ¡Cada uno de nosotros tiene en su interior la ‘ventana’, el rosetón al más allá, a la espiritualidad pura –Shabad, Kototama, Espíritu Santo…-, a la ausencia de dualidad. Si no hay dualidad no hay diferencias.  No hay ni tiempo ni espacio que nos separe y por tanto todos y cada uno, situados ahí, estaremos en el centro mismo de la creación, en el fiel de la balanza. No hay lados, solo Unidad.

 

“Todas las cosas son realmente Una, y presente, pasado y futuro están contenidos en cada una de nuestras respiraciones. La naturaleza sutil (espiritual) de la existencia humana contiene toda la verdad. El universo se ha creado de una Fuente Única, y nosotros mismos somos un elemento esencial de esta continua evolución, el proceso óptimo de armonización”.

(O Sensei)

 

Pero, ¿cómo vamos a ver lo sutil con nuestros sentidos groseros? La lámpara no nos iluminará si no está sana, limpia de toda mancha. Sin ‘sanar’ nuestro ojo ¡qué densas son las tinieblas!

 

“Detrás de nuestras concepciones mentales hay un secreto ilimitado, sin el cual la mente no puede trabajar. Debemos entrar en contacto con esa conciencia (en nuestro interior) que es independiente del cuerpo y los sentidos”.

(Huzur Maharaj Sawan Singh)

 

Menos ego, más conciencia.

 

¡Ningún estudio intelectual, teórico -que aún siguen perteneciendo al plano físico-mental-, puede darnos el conocimiento de lo sutil! Primero hay que limpiar la lámpara de toda suciedad. A medida que vayamos quitando ‘manchas’, poco a poco, su luz irá emergiendo de entre las tinieblas.

¿De qué vale saber que las teorías cuánticas, o cualquier otro descubrimiento científico, coinciden con las enseñanzas de los maestros espirituales de todas las épocas? La verdadera utilidad del conocimiento intelectual es servir de impulso, de acicate a la práctica del misogi, a la limpieza, la sanación del ojo. “Esto no es mera teoría –decía O Sensei-. Ha de ser practicado”.

 

Preguntémonos: el saber intelectual y teórico, los avances científicos en general, ¿han hecho mejor al ser humano, individual o colectivamente? Nos han ayudado a solucionar cosas materiales: mejora de las comunicaciones, los transportes, mejores medios sanitarios…, y otros avances. Pero en la mayoría de los casos solo han servido para hacernos más letales. Disponemos de más y mejores herramientas para matar y destruir con mucha mayor eficacia y en mayor cantidad y volumen de lo que nunca hemos dispuesto.

La cultura, indiscutiblemente, está muy bien, pero no nos engañemos, no nos hace mejores. De no estimularnos a la práctica de la realización espiritual, simple y llanamente nos da más saber intelectual; nada más. Las personas más poderosas del planeta, quienes manejan los hilos de las finanzas, los destinos de las naciones, quienes organizan, o permiten, guerras, masacres, devastación del medio ambiente, no suelen ser iletradas sino todo lo contrario, gentes bien preparadas, formadas en las aulas de las más prestigiosas universidades del mundo. Y, ¿cómo va  el mundo?

 

¿Espiritualmente, hemos ganado algo gracias a esos avances intelectuales y tecnológicos? ¿Somos, aunque solo sea, un poco más humildes, más solidarios, más bondadosos, más respetuosos con los demás? ¿O, cada vez más, nos importa un bledo (iba a decir: nos la trae al pairo) todo lo que no nos ataña a nosotros directamente? Como conjunto –y también individualmente- cada vez somos más egoístas. O eso es lo que parece. ¡Echemos una miradita alrededor! Nacionalismos radicales, xenofobia, racismo, corrupción, insolidaridad creciendo a pasos de Polifemo: ¡grandes y ciegos!… Mientras, el clima se deteriora, los hielos se derriten, la tierra se quema, los bosques se desertizan, se contamina todo el medio ambiente, mueren miles de personas en guerras inducidas por intereses económicos (particulares), o tratando de huir de ellas o del hambre y la miseria. ¿Quién provoca y/o acelera todo esto? Nosotros, los humanos, y no precisamente los menos preparados. Estos suelen ser los que sufren las consecuencias.

Y es que lo que no nos preocupamos de aprender es justamente humanidad. Sería mejor llamarnos inhumanos, pues:

 

“El hombre solo puede ser llamado hombre si en él hay la cualidad de humano, es decir: si trata al hombre como a un hermano, participa de sus aflicciones, tiene corazón compasivo y ama al creador y a toda su creación”. (Huzur Maharaj Sawan Singh)

 

Humanidad según acepción del diccionario: “Capacidad para sentir afecto, comprensión o solidaridad hacia las demás personas”.

 

Van apareciendo documentos descalificados -tras largos años de ocultación y silencio-, nuevas investigaciones que destapan o demuestran que muchas catástrofes que hasta ahora se habían creído de carácter natural, inundaciones, maremotos, tormentas de nieve, han sido provocadas por la mano del hombre. Debidas a la realización de experimentos científicos -siempre de carácter militar-.

 

¡Y todos y cada uno de nosotros somos responsables! Nuestra mano derecha no puede ignorar lo que hace la mano izquierda. Todos somos uno. No podemos esconder la cabeza y pensar que no tenemos nada que ver, que somos meros espectadores. Si somos una unidad lo somos en totalidad, sino, ¿cómo podría ser unidad?.

 

Nuestra responsabilidad como seres humanos somos cada uno de nosotros. Soy responsable de mí mismo, de mis pensamientos, de mis ideas, de mis acciones y reacciones y de su influencia en el resto de la creación. Nuestra parte de responsabilidad hacia el universo entero, nuestra tarea hacia los demás es ocuparnos de nuestra mejora personal.

 

“Tan pronto como te ocupas del “bien” y el “mal” de tus semejantes, creas una abertura en tu corazón por la que entra la malicia. Examinar, competir y criticar a otros te debilita y te derrota”. (O Sensei)

 

“En Aikido primero purificamos nuestro espíritu y luego debemos situar nuestros corazones en el bien”.

(O Sensei)

 

¡Limpiar mi ojo es mi obligación, el primero de mis deberes! Así habré limpiado la parte del Universo que me ha tocado. Luego, la luz que salga de él, iluminará la ‘zona’ que le corresponda iluminar. Puede que solo salga una pequeña parte de la inmensa luz que brota de la lámpara interior, pero allá donde llegue, poca o mucha, dará luz.

 

“Como el fuego yace oculto en la madera

y con habilidad puede ser encendido,

así está en nosotros la luz del Shabad (Kototama);

realízala siguiendo las enseñanzas del maestro”.

(Gurú Nanak. Fundador del sijismo. XV-XVI)

 

Todos los secretos del universo están en el interior del ser humano. Pero para descubrirlos tenemos que cavar hondo, quitar toda impureza, cortar nuestra propia cabeza, eliminar el ego: mi-so-ji.

 

Para practicar plenamente el arte del aikido, debes calmar el espíritu y regresar al origen. Limpiar el cuerpo y el espíritu removiendo malicia, egoísmo y deseo. Sé siempre agradecido por los dones recibidos del Universo”. (O Sensei)

 

 

Un cuento:

 

“Un monje meditaba bajo un cocotero. Un mono travieso arrojó un coco sobre la cabeza del monje. El monje abrió el coco, bebió su dulce jugo, comió su pulpa y se hizo unas escudillas con la cáscara. Miró hacia arriba y, juntando sus manos, hizo una reverencia al mono dándole las gracias”.

 

Hay que librarse de toda ‘impureza’: pasiones, deseos, expectativas, afanes, ambiciones, prisas, exigencias…, etc. Egoísmo, en suma. Como el monje del cuento debemos aprender a permanecer inalterables ante los acontecimientos y aprovechar y agradecer todo cuanto la vida pone en nuestras manos sin calificarlo de bueno o malo. Esa es la verdadera libertad y el verdadero provecho de nuestras vidas.

 

Sin una auténtica liberación sois tan buenos como si estuvierais muertos”.

(O Sensei)

 

Primero limpiar la lámpara. No podemos percibir lo sutil con nuestros sentidos groseros. Para ello es necesario un empujoncito intelectual: ir desarrollando nuevos conceptos encaminados a eliminar el individualismo, el ego. Ampliar y desplegar la idea de unidad y ponerla en práctica dentro y fuera del tatami, dentro y fuera de nosotros mismos. Cuanta más conciencia menos ego y más amor. Ese es el sendero del misogi, la Vía del Aiki. Una Vía Universal.

 

 

 

“Debéis saber que vuestro ser y todas las cosas del Universo son lo mismo. Vosotros sois hijos del Universo. En términos religiosos, cada uno de vosotros es hijo de Dios [] Debéis proteger y salvaguardar todas las formas de vida”.

(Morihei Ueshiba)

 

San Lorenzo de El Escorial 14/11/17

Lucio Álvarez Ladera