UN VISTAZO AL VACÍO
(Respuesta a Roberto)

* Texto del Maestro Lucio Álvarez Ladera, 7º DAN, en respuesta a una pregunta formulada por el Maestro Roberto García, 4ºDAN, publicada en el foro: Enlace a la pregunta

Bueno, se trata una cuestión complicada.

Y por si fuera poco, estamos entrando en el terreno de lo inefable, ¿cómo podremos, siendo así, expresarlo con palabras?…

No me queda más remedio que extenderme. Aunque no sé si…

 
En el Tao Te King se dice:

«El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao».

Partamos pues de esa base y no tratemos de comprender con el intelecto lo que el intelecto no está capacitado para comprender.

«¿Cómo vamos a entender lo sutil con nuestros sentidos groseros?»

Pregunta el Fundador.

Y dice Jesús, coincidiendo -no puede ser de otra forma- con los místicos de todas las épocas y culturas:

«Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden». 

Sirva, no obstante, nuestra limitada forma de comunicación de acicate a la práctica. A fin de cuentas, este es su único fin verdadero.

También del Tao Te King:

«El Tao es vacío,
imposible de colmar,
y por eso, inagotable en su acción.
En su profundidad reside el origen
de todas las cosas.
Suaviza sus asperezas,
disuelve la confusión,
atempera su esplendor,
y se identifica con el polvo.
Por su profundidad parece ser eterno.
No sé quién lo concibió,
pero es más antiguo que los dioses».

Y la frase que genera las dudas de Roberto es:

«El vacío inunda todo el universo. Éste es la verdadera fuente de las cosas. El mundo de la materia es vacuidad. La vacuidad posee el poder supremo que activa la materia. Para ser ágil con el cuerpo, haciendo técnicas tan rápidas como el rayo, debemos residir en el vacío. La vacuidad forma las cuerdas de la fuerza gravitatoria.»

(Supongo que la frase es de O Sensei, aunque no me lo especifica. Suena a él)

Es el mismo oxímoron, igual paradoja:
¡Un vacío ‘inagotable, origen de todas las cosas’! ¿Si está vacío cómo puede no agotarse y dar origen a nada? ¿Cómo puede ser ‘fuente’ de nada siendo vacío? ¿Cómo puede ‘formar’ cuerdas gravitatorias, ¡ni nada!, si está vacío? ¿Cómo puede ‘poseer nada’? ¡El mundo de la materia es vacuidad! ¿¿¿???

Los científicos nos dicen que la separación entre los átomos es tan grande que la materia es, básicamente, espacio vacío. Pero no será vacío total si ya partimos de que en él hay átomos, ¿no? Y, circunscribiéndonos al espacio entre los átomos ¿está absolutamente vacío?, ¿no hay en él partículas subatómicas?, ¿no hay quark, bosones; no hay vibración…?

Y, ¿no será esa vibración, extremadamente sutil, «el ‘vacío’ que inunda todo el universo»? ¿»La verdadera fuente de todas las cosas»? ¿En cuya eterna profundidad, más antigua que los dioses, está el origen de todo? ¿La energía que, al vibrar en una determinada frecuencia, somos capaces de percibir con los sentidos como formas y masas; como materia, pero que en otras nos resulta completamente oculta?

¿Kototama?

De pequeños se nos enseñó -a los de mi generación, claro- que la materia está formada por átomos: protones, electrones y neutrones. Luego ‘llegaron’ las partículas subatómicas y la mecánica cuántica. La mecánica cuántica, a su vez, da lugar a la teoría de las cuerdas y/o supercuerdas: Las partículas no existen, en su lugar hay pequeños trozos de cuerdas vibratorias -invisibles a los actuales instrumentos- que las sustituyen y que pueden adoptar diferentes formas. Su vibración determina su tamaño y su masa. O sea, que cada partícula sería una cuerda vibrante de distintos tamaños, formas y masas.

Por supuesto esta es una exposición extremadamente simple, muy, muy rudimentaria. Decenas y decenas de años de investigación; bibliotecas enteras, resumidas, disminuidas, retorcidas, en un impreciso párrafo que apenas proyecta un leve atisbo de explicación. Además, los estudios científicos se desarrollan y varían constantemente entrando en muchas ocasiones en contradicción.

Lo bueno de los medios actuales es que quien quiera informarse más ampliamente, tiene la posibilidad de hacerlo. Hay cantidad de información, a todos los niveles de preparación científica, al alcance de cualquiera.

Lo que sí podemos deducir, de estos ‘descubrimientos’, es que muchas de las enseñanzas ancestrales de los Maestros de Oriente y los místicos de todos los lugares, encuentran ahora una explicación, una constatación, en los hallazgos de la mecánica cuántica. Por eso, muchos maestros aluden a estas teorías…

«La verdad tiene distintos niveles. El nivel más profundo de la verdad descubierto por la ciencia y la filosofía, es la verdad fundamental de la Unidad en el nivel subnuclear profundo de la realidad. Todos somos literalmente: UNO«.

(J. Hagelin, físico cuántico en «¿Y tú qué sabes?)

Jesús, en Mateo 13,31, compara el reino de los cielos con una diminuta semilla de mostaza:

«La única ciencia que puede adecuarse a esta analogía es la física cuántica».

Expone el filósofo y místico Ramtha.

Si identificamos ‘su vacío’ -el de los místicos- con la Energía Primordial, podemos hacernos una vaga idea -muy vaga, ciertamente, y por ser idea, un producto del intelecto, sujeta a todo tipo de debates, controversias y errores- de lo que quieren que experimentemos, más que entendamos: La materia, lo ‘visible’ por los sentidos, no existe como tal, está formado y es, por tanto, energía; lo ‘invisible’ por los sentidos. Es la vibración, la energía, la que determina tamaños, formas y masas.

Si la materia es energía, la energía será materia.
 

Volvamos a lo de la inefabilidad:

Habíamos dicho que este misterio -que no es otro, en realidad, que el misterio de la Creación: «Éste es la verdadera fuente de las cosas», se dice en los textos causa de las dudas- no puede entenderse con el intelecto. Entonces, ¿cómo podremos desvelarlo? ¿Por qué, siendo inefable, los maestros insisten en ‘hablarnos’ de ello?

«Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden». Repetimos.

En nuestro nivel no hay otro medio de comunicación; de manera, que, como ya dijimos antes, su intención no es que ‘entendamos’ sino, acicatearnos a la búsqueda práctica, a la experiencia profunda, interna. Las palabras no van a darnos la solución, pero tienen la capacidad de estimularnos, de despertar en nosotros la chispa que dé principio a la hoguera, al Gran Incendio.

La teoría de las cuerdas o supercuerdas, cualquier teoría, cualquier cuestión correspondiente al nivel físico-intelectual, puede resolverse por medios físico-intelectuales. Por medios teóricos. Pero para entender el ‘vacío’ hay que sumergirse en él.
El misterio del vacío se resuelve en el vacío. El misterio de la Energía Primordial, Kototama, solo se resuelve sumiéndose en la Energía Primordial.

«Para ser ágil con el cuerpo, haciendo técnicas tan rápidas como el rayo, debemos residir en el vacío».

(Ueshiba Sensei).

Cuando los Maestros hacen mención al ‘vacío’ a la ‘vacuidad’, suelen referirse, también, a la vacuidad interior o vacuidad de pensamiento. Pero ahí también se da otra paradoja -en realidad la misma-: ¿Podemos, mientras vivimos, ‘vaciar’ completamente la mente, ‘parar’ del todo el proceso de pensamiento? Si estamos vivos, pensamos: ‘Cogito ergo sum’, ‘Pienso luego existo’, decía Descartes, no sin razón. Parece que mientras vivamos el proceso de pensamiento es inevitable.

En antiquísimos textos del Yoga del Gran Símbolo, referentes a la concentración de la mente, vemos:

«Al emplear el segundo método de concentrar la mente, a saber, aquél en el que no se usan objetos, hay tres procesos: la erradicación instantánea del pensamiento en el preciso momento en que surge como un rayo; el dejar sin forma  cualquiera que sea el concepto o idea que aparezca; y el arte de dejar que la mente asuma su condición natural (de quietud absoluta, no conmovida por el turbador proceso del pensamiento)».

O dicho de otra forma: Detención instantánea del pensamiento; dejar que las ideas vaguen a voluntad, irrestrictas; y dejar que la mente descanse en perfecta tranquilidad.

Siguiendo estos mismos textos, al final, tras largos años de entera dedicación a este intento de ‘anulación’ del pensamiento, se llega a la conclusión de que mientras estemos vivos (y, al parecer, al menos en algunos casos, tampoco tras la muerte inmediata) el proceso de pensamiento no puede pararse y lo que se consigue -no es poco, qué conste- es no dejarse afectar por él.

El pensamiento es igualmente, energía primigenia, eterna, sin principio ni fin.

Lo que pretenden todas las vías espirituales, en definitiva, es, usando unos determinados métodos, ‘desviar’ nuestra forma de ‘ver’ el mundo. Hacernos ‘ver’ que lo que vemos, tocamos, gustamos y oímos, lo físico, la materia, no tiene existencia real; está formado por energía, ‘vacío’. Que, por lo tanto, la realidad será el ‘vacío’, la energía, y no lo que tomamos por real. Nosotros lo vemos, lo tocamos, lo gustamos o lo oímos, porque la energía, al vibrar en una frecuencia concreta, específica y limitada, se nos hace perceptible. 

Esta restringida capacidad de percepción nuestra es la que crea -porque se lo consentimos- nuestros conceptos, nuestras ideas, nuestras tendencias, nuestra personalidad. Condiciona nuestro pensamiento, nuestro carácter; toda nuestra existencia. Pasa, gracias a la  excesiva consideración que le otorgamos, de ser una simple herramienta, a ser quien ‘maneja el cotarro’; de humildísimo fámulo, a dueño y señor de nuestras vidas; ¡del mundo! Eso es lo que denominamos (le encanta poner nombres) ‘ego’. Y, ¿quién domina el mundo?   
 
En definitiva, y para no alcanzar magnitud de mamotreto, todos los métodos que nos señalan los Maestros, las diferentes disciplinas místicas, van encaminados a ‘separar’, ‘desapegar’ nuestra atención de lo fenoménico -lo aparente- y ‘apegarla’, a lo real; concentrarla hacia nuestro interior, hacia la energía Sutil, Esencial, el Vacío, del  cual todo procede.

Hasta que no hayamos aprendido, con práctica constante y rigurosa, a ‘vaciar’, nuestra mente de todos sus lastres -poniendo al ego en el lugar que le corresponde- y a ‘situarla en su lugar de reposo’, no estaremos libres para percibir ‘El Vacío’.

…»No es mera teoría, ha de ser practicado».

(M.Ueshiba)

Si toda forma y masa está compuesta de energía, nosotros -todos los seres- no vamos a ser menos. Con la percepción del Vacío (ponerse en pie sobre el Puente Flotante del Cielo), empieza la ‘fusión’ con el Vacío -Kototama, Shabad, Verbo, Kalma, Espíritu Santo, Resonancia Cósmica-. Cuando, libres al fin, de toda ‘contaminación’ físico-mental, la fusión se completa, culmina el proceso evolutivo. Se produce lo que en el sendero místico se denomina: REALIZACIÓN. 

Vuelvo a citar el Tao Te King:

«El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar
no es su verdadero nombre.
Sin nombre es el principio del universo;
y con nombre, es la madre de todas las cosas.
Desde el no-ser comprendemos su esencia;
y desde el ser, sólo vemos su apariencia.
Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo
origen, aunque distinto nombre.
Su identidad es el misterio.
Y en este misterio
se halla la puerta de toda maravilla».
 

La respuesta, igualmente del Tao Te King:

 
«Unir cuerpo y alma en un conjunto
del que no puedan disociarse».

Las enseñanzas de Morihei Ueshiba están llenas de iguales recomendaciones. Para concluir, elijo las siguientes:

«La armonía verdadera
es mucho más
que una palabra escrita o una expresión.
No la debatáis eternamente;
¡aprended a hacerla realidad!»

Y su grito de ‘guerra’:

«Masakatsu Agatsu Katsuhayabi»
«La victoria verdadera es la victoria sobre uno mismo, aquí y ahora».
 

Maestro Lucio Álvarez Ladera, 7º DAN
S. Lorenzo de El Escorial
28/03/2016