En familia………………………………….por José Samiñan

 

En el seno de la familia son los padres los que dirigen la educación y la formación de los hijos intentando inculcarles valores elevados y hábitos sanos , pero, paralelamente, los hermanos mayores también educan y forman a los hermanos menores, sobre todo, con su ejemplo.

 

En el tatami también ocurre algo parecido. El papel de padre lo ostentaría el Maestro y los hermanos mayores y menores seríamos los discípulos a tenor de nuestro grado. Aquí da igual la edad, el sexo, el estatus social o la preparación intelectual. Todo eso queda guardado en las taquillas junto a la ropa. Así, se podría dar el caso de que un hermano menor doble en edad a uno mayor o que un humilde trabajador sea el hermano mayor de un ejecutivo millonario de una gran compañía. Eso no cuenta. En ese sentido todos somos iguales porque todos venimos a aprender y a compartir.

 

Por tanto, según esta idea, sobre el tatami cada uno responde de sí mismo pero, a la vez, responde, en cierta medida, de las personas que tiene a su izquierda y responde, también, ante las que tiene a la derecha. De este modo, si durante el entrenamiento hablamos en exceso o nuestra conducta no es la adecuada o nuestra indumentaria no es correcta o, simplemente, no practicamos con entrega, no estamos actuando según lo esperado frente a nuestro Maestro pero tampoco frente a nuestros hermanos mayores, por menospreciarles ignorando su ejemplo, y tampoco frente a nuestros hermanos menores, por no brindarles un buen ejemplo.

 

Puede que en un entrenamiento el alumno de mayor grado sólo sea un primer dan o, aún menor, un primer kyu o, incluso, ni siquiera eso. Nada cambia. El alumno de mayor experiencia es el hermano mayor y las relaciones son las mismas.

 

A veces, por algún motivo, podemos sentirnos empujados a pensar que somos mejores que un hermano mayor.

 

Lo cierto es que aquí nadie es mejor que nadie, ni siquiera mejor que el que acaba de empezar titubeante y no tiene aún ni kimono; y además, un hermano mayor, seguro, siempre podrá enseñarnos algo. Quizá pase tiempo y no lo veamos pero un día, de pronto, tal vez sólo en un gesto o en una mirada o en un silencio, podremos aprender algo de él.

 

Esto no significa que un hermano mayor no aprenda de uno menor. Todos nos enriquecemos practicando juntos, todos andamos juntos el Camino.

 

Me gusta esta idea porque habla de hermandad, de aprendizaje y, al fin y al cabo, de Amor.

 

José Samiñán.