Un hombre santo pidió a Dios que le enseñará el cielo y el infierno. Dios se lo concedió. Le llevó frente a una puerta que se abrió ante él. Al otro lado pudo ver una enorme mesa a la cual estaban sentadas infinidad de personas, todas con muy mal aspecto: enflaquecidas, enfermizas, depauperadas, macilentas, consumidas. […]